El Rey de los Versadores no escribió libros y su legado sencillamente es oral, fruto de la memoria popular y en ella el amor de los cubanos por la décima.

Sus obras han pasado de generación en generación con la consecuente circunstancia de sus interpretaciones. De manera que no siempre nos ha llegado su décima tal y como la dijo.

Hay numerosos ejemplos de esto, pero lo importante es que una buena parte está salvada y que constituye un valioso aporte a la cultura cubana en sus más legítimas raíces.

Este improvisador, un aeda de su tiempo, logró asumir en los diez versos un eco lírico donde  priman en las  más variadas facetas la crónica social, el humorismo, la sátira, la opinión crítica, amores, desamores, cubanía; la preocupación existencial de la inmediatez y la reflexión ontológica.

En su voz, a la usanza de los viejos trovadores, un canto épico-lírico, primero con tiple o bandurria y después  al compás de la guitarra, el tres, el laúd y las claves; en ocasiones al amparo de un quinqué o  en  los efluvios de un  amanecer.

Desde mediados del siglo XIX se hace notoria su popularidad en toda región de Vueltabajo y su peregrinaje hasta los linderos de Matanzas.

A Celestino García, de  expresión temperamental y con fuerte dosis del gracejo criollo se le confieren las dotes de un hombre que, al decir de sus contemporáneos, hablaba en octosílabos y que sin proponérselo ha dejado en sus huellas una riqueza poética que forma parte sustancial de la saga versal  cubana. Se dice que dialogaba en versos improvisados acogido a los hilos circunstanciales de la más sencilla o compleja conversación, desde lo serio y reflexivo hasta lo humorístico y fugaz.

Sin más escuela que las canturías,  los guateques, las verbenas, las fiestas de los  bandos, las infinitas controversias y una vida en nada sedentaria, a pesar de que tuvo su hogar, esposa y  cuatro hijos, Celestino fue gallo fino que  conmovió el ruedo de cualquier  sitio donde plantó batalla contra los más disímiles oponentes; siempre con la gracia, la suspicacia y el arraigo criollo que lo caracterizaban.

Por citar solamente un ejemplo recordemos cuando, en una ocasión allá en Los Palacios, el contrincante, Felipe Lazo, le dijo:

Hace tiempo que quería
encontrarme con un hombre
que responda con el nombre
de Celestino García.
Si el Rey de la Poesía
no tiene tanto trabajo
y no hace de guanajo
al llegar a este lugar,
seguro podrá contar
que le gané en Vueltabajo.
 
a lo cual ripostó el Rey de los Versadores:
 
Ya Celestino llegó
a esta tierra paso a paso.
¿Dónde está Felipe Lazo?
¿Dónde está?  ¿Ya se murió?
Sabrás que he venido yo
para servirte de guía,
porque allá en Soberanía
hay mil ángeles llorando
y te están encomendando
a Celestino García.

Esta  herencia controversial en la modalidad del repentismo ha dejado un  rico manantial en todos los seguidores de cualquier época en los cauces del fenómeno de la oralidad si tenemos en cuenta que sus versos todavía se recitan de memoria, impronta que aquilata de modo especial Jesús Orta Ruiz, el  Indio Naborí,  quien ha vestido a la viajera peninsular con nuevos oropeles hasta nuestros días, en que la estrofa cobra más fuerza y más luz sobre el parnaso lírico de Hispanoamérica.

No lejos de las sierras que lo vieran pasar rumbo a las canturías en busca del encuentro fortuito y lírico, en el poblado pinareño de Taco Taco, un  19 de febrero de 1909, en los intentos de atrapar la rima con la maravilla de su voz y  carisma, muere por un infarto cardiaco.

Sin dudas es uno de los poetas cubanos más renombrados  y que ha marcado hitos en la décima guajira a través del fenómeno de la oralidad; más que repentista, un mito.

Por otra parte, Celestino, más que el poeta y el hombre, se ha convertido en un mito, una leyenda, un ser de anécdotas interesantes que llaman la atención de los investigadores y sobre todo del pueblo que lo admira.

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